Por Ricardo Reyes.
La tradicional “cuesta de enero” que afecta a millones de hogares mexicanos tras los gastos decembrinos se ha convertido este año en un fenómeno que trasciende el primer mes y se extiende a las finanzas públicas del país durante todo 2026, según diversos análisis de especialistas y organismos independientes.
De acuerdo con un estudio reciente de México Evalúa, pese al optimismo reflejado en el Paquete Económico 2026 presentado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), los ingresos públicos resultarán insuficientes para cubrir una larga lista de obligaciones crecientes. El gobierno federal deberá recurrir diariamente a un endeudamiento aproximado de 2,000 millones de pesos para cumplir con compromisos como:
- Pago de intereses de la deuda pública
- Transferencias a estados y municipios (participaciones y aportaciones)
- Pensiones y jubilaciones
- Subsidios a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ante la insuficiencia de gas natural
- Apoyos a Petróleos Mexicanos (Pemex)
- Cuotas al sistema de seguridad social
El análisis señala que el pago diario de estos rubros obligatorios pasará de alrededor de 3,000 millones de pesos en años anteriores a 5,422 millones en 2026 (un aumento real del 81%), lo que deja un margen fiscal extremadamente reducido para inversión pública, programas sociales adicionales o imprevistos.
Hogares bajo presión: inflación y menor poder adquisitivo
La situación no es exclusiva del erario. En el ámbito familiar, la cuesta de enero 2026 se perfila como una de las más empinadas en casi una década. Analistas de Citi y Banorte anticipan una inflación mensual en enero cercana al 0.55%–0.94%, casi el doble de la registrada en enero de 2025 (0.29%).
Los factores principales incluyen:
- Alzas al IEPS en bebidas azucaradas y tabaco
- Incrementos arancelarios en más de 1,400 fracciones de productos importados (textiles, electrónicos, autos, entre otros)
- Efectos rezagados de los gastos navideños
Una encuesta de Research Land revela que 6 de cada 10 mexicanos enfrentan dificultades para cubrir gastos básicos en este periodo, con muchos extendiendo la presión financiera hasta febrero o marzo. El poder adquisitivo se ve erosionado por una inflación que, aunque cerró 2025 en torno al 3.7%, podría superar el 4% en los primeros meses de 2026 según varias casas de bolsa.
Crecimiento débil y deuda estable (pero alta)
El panorama macroeconómico no ayuda. Mientras la SHCP proyecta un crecimiento del PIB entre 1.8% y 2.3%, la mayoría de organismos internacionales (FMI, OCDE, Banco Mundial y Banco de México) ubican la expansión entre 1.1% y 1.5% para 2026, en un contexto de desaceleración y tensiones comerciales internacionales.
El déficit fiscal se mantendrá elevado (alrededor del 4.1% del PIB según el RFSP), y la deuda pública se estabilizará cerca del 52.3% del PIB, aunque analistas advierten que podría superar el 60% si el crecimiento es menor al esperado.
Expertos coinciden en que 2026 será un año de disciplina fiscal extrema, con poco espacio para nuevas expansiones del gasto y una alta dependencia del financiamiento. La frase “cuesta de enero eterna” resume el sentir general: las presiones que normalmente se concentran en el primer mes se han convertido en un reto estructural para las finanzas públicas y familiares durante todo el año.
El gobierno insiste en que mantiene una gestión responsable y que la deuda se encuentra en niveles sostenibles comparados con otros países de la OCDE. Sin embargo, los análisis independientes advierten que, sin reformas profundas o un repunte inesperado de los ingresos, el margen de maniobra seguirá siendo muy limitado en los próximos meses.
